miércoles, 20 de octubre de 2021

Reflexiones de un corazón solitario

 

¿Qué reflexiones puede hacer un corazón roto y solitario?

¿Qué pensamientos pueden anidar en ese vacío para ser ocupado?

En las largas y confusas noches inevitables de mis presentes días,

recuerdo las grises cenizas que deposité a los pies de aquel desconocido árbol

el día en que te elevaste al cielo para permanecer allí cuidándome

y allí persistes como memoria de tu paso por la vida,

siendo como un espejo que refleja una vida inexistente

pero en el que yo busco desesperado la figura de tu cuerpo,

pues no te concibo tan lejos de mí, pues sin ti me ahogo y me desespero.

Quisiera poder coser con mi mirada, las ráfagas de viento que acarician tus cenizas,

ver la luz de tu presencia rompiendo esa triste despedida,

poder salir de la prisión de mi tormento,

y despojarme de ese pesado traje de soledad que tu partida me confeccionó.

Acaricio tus sombras junto a mi sombra prisionera de tu amor,

recordando y olvidando a la vez para no caer por el peso de mi angustia

pues sé que nunca mas podré ver tu semblante ni recibir tus caricias

ni recibir el aliento deseado de la mujer a la que tanto amé.

Y esas estrellas humildes que te acompañan, me recuerdan la grandeza de tu corazón,

por ello quisiera ser para poder acompañarte, un ángel custodio día y noche

como amantes inmóviles confundidos entre el flujo de las nubes.

Tengo presente a diario, el aroma de tu ausencia en las estancias de nuestra casa,

viviendo entre esta soledad, sin poder liberarme de las cadenas de nuestro amor

y en el ocaso del día voy recogiendo todos los recuerdos tendidos

que voy dejando, rememorando fechas y nostalgias, aunque sean tan solo por minutos.

Aunque quieto estoy, soy transportado entre los recuerdos de nuestro amor,

recuerdos que se amontonan y cargan ya mis debilitadas espaldas

y hablo contigo, te pregunto, te solicito, en esa estancia silenciosa en la que habito,

mas sé que son palabras imposibles de oir, deseos deshabitados de vida.

Y aunque tú ya no estés aquí, permanecerás siempre en mi memoria y mi corazón

intentando con mis recuerdos llegar a tu presencia, aunque sea de forma imaginaria,

porque si sigues estando aquí, pues lo eras todo para mí,

el paisaje de mi vida que siempre contemplé, y que ahora es como un espejo engañoso

habitado por oscuras presencias, dolorosas, angustiosas

que no me dejan vivir pero tampoco me dejan morir.

Mi tristeza se asoma a la soledad de mi mundo, de mi alma huérfana de ti,

intentando grabar tu rostro para toda la eternidad

con el cincel del dolor y del sufrimiento que tu ausencia me produce,

pero sé que en ese silencio estas tú, y mi oído está atento siempre a tus posibles ecos.

Ahora solo puedo comunicarme con el lenguaje de mis recuerdos,

intentando rechazar el silencio que me consume, de esta forma tal

que mi alma se ha hecho inaccesible a todo lo que no seas tú,

y al igual que fecundaste toda mi vida con tu amor apasionado,

ahora me toca fertilizarla con los recuerdos de ese amor.