martes, 19 de octubre de 2021

Para mi amada esposa y mi querida hija

Para mi amada esposa y mi querida hija del alma.

Hija del alma, luna que con tus múltiples destellos ahuyentas mis tristes auroras

tú, que con tu continua rutina de desvelos hacia mí

pintas de nuevos colores mi triste existencia,

consigues el mejor celeste de los cielos para que me iluminen en mi oscuridad,

dejando que las frágiles estrellas que contiene ese firmamento por ti creado

llenen la ausencia que me embarga con la conversación de una hija amada.

Durante todas las mañanas me miro delante del espejo

esperando ver aparecer la figura de quien ya solo es sombra

pero al menos yo sé que tú, querida hija, estas guardando mi aliento desesperado

aliento de un esposo y padre que ahora es frío y brumoso

estancado en las calles de mi ciudad, perdidas por las ráfagas del viento.

Me recoges cada día de la prisión de mi tormento

y todo lo derramado y recordado antes de verte

impide que me haga mi propio traje de soledad y melancolía.

Las arenas de la playa acarician tus pies y tu sombra

mientras en la otra punta de la ciudad suspiro por esas aguas que te mecen

pues yo solo podría arrastrar por esa arena complaciente

mi sombra prisionera de tristeza y soledad.

Mas cuando estoy a tu lado, recuerdo, pero también olvido la causa de mi tristeza

y quisiera ser ese arcángel del cielo que te pudiera proteger

ser el perfil del aroma que te embriagase en mi ausencia,

y juntos, nuevos caminos trazaremos sin círculos de soledad

desterrando todo aquello que pueda ser lo inútil perpetuo.

Y así quedará en mí, grabado ese nuevo camino

que tanto ansías que empiece a recorrer

buscando ese horizonte escondido tras la estatua de mi ansiedad.

Cierro la puerta a los besos, prohíbo toda caricia, escondo mi cabeza desolada

pero leo en el aire tu nombre y escucho tu dulce voz entre las brumas de mi desesperación

y tu presencia va recogiendo todos mis recuerdos tendidos al sol

que están indiferentes al aire y herméticos al tacto y a la luz.

Quisiera poder limpiar mi memoria hasta dejarla blanca y fría como la nieve,

remover los escombros de mis penas y aflicciones

y volver a revivir tan solo por unos instantes

esos días pasados de nuestra niñez como padre e hija

y amontonar bellos recuerdos en la inmensa llanura de mi desesperación.

Pero con que facilidad, me sumerjo en la niebla por los recintos del recuerdo

cuando te dejo con tu vida cotidiana, esa vida que tú sola has de vivir

sin arrastrar las pesadas estancias ocupadas por mi naufrago vivir.

Mas sé bien, que a poca distancia te encuentras en mi otra vida

en esa, que junto a tu lado huyo del silencio interminable

y esa brisa fresca que me envuelve cuando estoy cerca de ti

sabiendo que, aunque no estes a mi lado, sigues estando en ese espacio de mi corazón herido

espacio reservado para el amor por una hija que siempre permanecerá

dentro de los muros impenetrables de un padre ausente a veces,

pero presente en las horas en las que eres imprescindible para mí,

a pesar de no haber sabido demostrártelo nunca

de la forma y manera que tanto te lo mereces, por mi deficiencia como padre.