Para mi amada esposa
y mi querida hija del alma.
Hija del alma, luna que con tus múltiples destellos
ahuyentas mis tristes auroras
tú, que con tu continua rutina de desvelos hacia mí
pintas de nuevos colores mi triste existencia,
consigues el mejor celeste de los cielos para que me iluminen
en mi oscuridad,
dejando que las frágiles estrellas que contiene ese firmamento
por ti creado
llenen la ausencia que me embarga con la conversación de una
hija amada.
Durante todas las mañanas me miro delante del espejo
esperando ver aparecer la figura de quien ya solo es sombra
pero al menos yo sé que tú, querida hija, estas guardando mi
aliento desesperado
aliento de un esposo y padre que ahora es frío y brumoso
estancado en las calles de mi ciudad, perdidas por las
ráfagas del viento.
Me recoges cada día de la prisión de mi tormento
y todo lo derramado y recordado antes de verte
impide que me haga mi propio traje de soledad y melancolía.
Las arenas de la playa acarician tus pies y tu sombra
mientras en la otra punta de la ciudad suspiro por esas
aguas que te mecen
pues yo solo podría arrastrar por esa arena complaciente
mi sombra prisionera de tristeza y soledad.
Mas cuando estoy a tu lado, recuerdo, pero también olvido la
causa de mi tristeza
y quisiera ser ese arcángel del cielo que te pudiera
proteger
ser el perfil del aroma que te embriagase en mi ausencia,
y juntos, nuevos caminos trazaremos sin círculos de soledad
desterrando todo aquello que pueda ser lo inútil perpetuo.
Y así quedará en mí, grabado ese nuevo camino
que tanto ansías que empiece a recorrer
buscando ese horizonte escondido tras la estatua de mi
ansiedad.
Cierro la puerta a los besos, prohíbo toda caricia, escondo
mi cabeza desolada
pero leo en el aire tu nombre y escucho tu dulce voz entre
las brumas de mi desesperación
y tu presencia va recogiendo todos mis recuerdos tendidos al
sol
que están indiferentes al aire y herméticos al tacto y a la
luz.
Quisiera poder limpiar mi memoria hasta dejarla blanca y fría
como la nieve,
remover los escombros de mis penas y aflicciones
y volver a revivir tan solo por unos instantes
esos días pasados de nuestra niñez como padre e hija
y amontonar bellos recuerdos en la inmensa llanura de mi
desesperación.
Pero con que facilidad, me sumerjo en la niebla por los
recintos del recuerdo
cuando te dejo con tu vida cotidiana, esa vida que tú sola
has de vivir
sin arrastrar las pesadas estancias ocupadas por mi naufrago
vivir.
Mas sé bien, que a poca distancia te encuentras en mi otra
vida
en esa, que junto a tu lado huyo del silencio interminable
y esa brisa fresca que me envuelve cuando estoy cerca de ti
sabiendo que, aunque no estes a mi lado, sigues estando en
ese espacio de mi corazón herido
espacio reservado para el amor por una hija que siempre permanecerá
dentro de los muros impenetrables de un padre ausente a
veces,
pero presente en las horas en las que eres imprescindible
para mí,
a pesar de no haber sabido demostrártelo nunca
de la forma y manera que tanto te lo mereces, por mi
deficiencia como padre.
