¿Qué reflexiones puede hacer un corazón roto y solitario?
¿Qué pensamientos pueden anidar en ese vacío para ser
ocupado?
En las largas y confusas noches inevitables de mis presentes
días,
recuerdo las grises cenizas que deposité a los pies de aquel
desconocido árbol
el día en que te elevaste al cielo para permanecer allí cuidándome
y allí persistes como memoria de tu paso por la vida,
siendo como un espejo que refleja una vida inexistente
pero en el que yo busco desesperado la figura de tu cuerpo,
pues no te concibo tan lejos de mí, pues sin ti me ahogo y
me desespero.
Quisiera poder coser con mi mirada, las ráfagas de viento
que acarician tus cenizas,
ver la luz de tu presencia rompiendo esa triste despedida,
poder salir de la prisión de mi tormento,
y despojarme de ese pesado traje de soledad que tu partida
me confeccionó.
Acaricio tus sombras junto a mi sombra prisionera de tu
amor,
recordando y olvidando a la vez para no caer por el peso de
mi angustia
pues sé que nunca mas podré ver tu semblante ni recibir tus
caricias
ni recibir el aliento deseado de la mujer a la que tanto amé.
Y esas estrellas humildes que te acompañan, me recuerdan la
grandeza de tu corazón,
por ello quisiera ser para poder acompañarte, un ángel custodio
día y noche
como amantes inmóviles confundidos entre el flujo de las
nubes.
Tengo presente a diario, el aroma de tu ausencia en las estancias
de nuestra casa,
viviendo entre esta soledad, sin poder liberarme de las
cadenas de nuestro amor
y en el ocaso del día voy recogiendo todos los recuerdos
tendidos
que voy dejando, rememorando fechas y nostalgias, aunque
sean tan solo por minutos.
Aunque quieto estoy, soy transportado entre los recuerdos de
nuestro amor,
recuerdos que se amontonan y cargan ya mis debilitadas
espaldas
y hablo contigo, te pregunto, te solicito, en esa estancia
silenciosa en la que habito,
mas sé que son palabras imposibles de oir, deseos
deshabitados de vida.
Y aunque tú ya no estés aquí, permanecerás siempre en mi
memoria y mi corazón
intentando con mis recuerdos llegar a tu presencia, aunque
sea de forma imaginaria,
porque si sigues estando aquí, pues lo eras todo para mí,
el paisaje de mi vida que siempre contemplé, y que ahora es como
un espejo engañoso
habitado por oscuras presencias, dolorosas, angustiosas
que no me dejan vivir pero tampoco me dejan morir.
Mi tristeza se asoma a la soledad de mi mundo, de mi alma
huérfana de ti,
intentando grabar tu rostro para toda la eternidad
con el cincel del dolor y del sufrimiento que tu ausencia me
produce,
pero sé que en ese silencio estas tú, y mi oído está atento
siempre a tus posibles ecos.
Ahora solo puedo comunicarme con el lenguaje de mis recuerdos,
intentando rechazar el silencio que me consume, de esta
forma tal
que mi alma se ha hecho inaccesible a todo lo que no seas
tú,
y al igual que fecundaste toda mi vida con tu amor
apasionado,
ahora me toca fertilizarla con los recuerdos de ese amor.




